Hoy, después de un tiempo sin escribir noticias con humor, vuelvo a las andadas.
Había una vez un pueblo que necesitaba agua. En la India el Monzón se retrasaba y los habitantes ya habían probado todos los “trucos” posibles.
Alguien, no sabemos quien, propuso casar a dos ranas como último recurso para pedir a los dioses el tan ansiado líquido.
Ni cortos ni perezosos pusieron manos a la obra. Como toda boda que se precie, no faltarían ceremonia, invitados y banquete, pero primero había que tener a los novios.
Las ranas vinieron de un pueblo distante (unos 100 km) y “disfrutaron” de una ceremonia por todo lo alto: vestidos de ceremonia para la ocasión; 250 invitados (no sabemos si alguno de ellos pertenecía a la familia de los “novios”) hombres, mujeres y niños; festín tradicional de boda: platos de arroz, lentejas, pescado y golosinas; luna de miel en un estanque…
A la mañana siguiente todos felices: las ranas en el estanque y la lluvia que hizo su aparición… ¿casualidad?
La duda que me queda es: si la feliz pareja se separa ¿los obligarán a permanecer juntos?
Nos vemos en la red