Hoy podría escribir de lo único: ayer ganó la Roja. No es novedad. Pero yo me prometí no escribir sobre los nuestros hasta que no seamos campeones (por si algunos lo dudan: SEREMOS CAMPEONES)

Hoy podría escribir de la ola de calor… (sólo de pensarlo me entran sudores)

Hoy podría escribir de la crisis… (¿para qué agobiar al personal en vacaciones?

Hoy podría escribir de muchas cosas, pero voy a hablar de gatos, en concreto de un gato, más concretamente de Hugo

 hugo

 

Hugo tan negro, tan grandote, tan tranquilo, tan tierno, tan juguetón… se ha ido…

Hugo no era mi gato, pero no olvidaré sus ojos amarillos y su suave pelaje negro. Hugo llegó de puntillas hace unos años. Uno de esos gatos casi callejeros que, quizás, nadie quiso, pero alguien sí.

hugo y gildaHugo tan negro: negro como el carbón pero sin maldad. Lejos, muy lejos del mal fario que asociamos a los gatos negros.

Hugo tan grandote: 8 kilos de ternura que se suben encima en lo mejor de la siesta. 8 kilos de delicadeza que juegan con Lola la nueva de la casa que apenas pesa medio kilo…

Hugo tan tranquilo: tirado en el sofá porque tiene demasiadas cosas en que pensar como para dignarse a mirarte en lo mejor de sus sueños.

Hugo tan tierno: mirándote cuando llegas a su casa. “Si a este lo han dejado entrar, seguro que también es mi amigo… pues me enrosco a su lado”

Hugo tan juguetón: horas detrás de una mosca, de la pelota, de mi hijo… pero sin perder la dignidad… Nunca supo tener el porte de su compañera, esa Gilda con aires de marquesa, pero tampoco le hizo falta… tenía otras cosas…

Hugo nos ha dejado buenos y malos momentos, porque también tenía sus malos ratos, como todos.

Ayer, cuando el mundo se rendía a los pies de Puyol, y España entera se rendía a los pies de la Roja, en un rincón de Portugal, junto al mar, un alemán y una española pasaban las horas sin hablar y no era por el fútbol: HUGO SE HABIA IDO.

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Por ellos y por Hugo hoy escribo este post. Hugo se ha ido pero en este rincón estará siempre con nosotros.

Nos vemos en la red