En octubre dos niñas de 12 años fueron sexualmente agredidas en el autobús escolar por nueve menores que viajaban con ellas.
Meses después de los hechos sabemos:
- Cinco de los agresores fueron expulsados del centro: BIEN
- Cuatro de los agresores fueron expulsados temporalmente, pero ya se han reincorporado a las clases en el mismo instituto: MAL
- Una de las niñas ha sido trasladada por los padres a un centro concertado para evitar cruzarse con los delincuentes: MAL
- La otra víctima, que carece de medios para pagar un “centro concertado”, continúa en el mismo centro encontrándose todos los días con los mismos que la agredieron: MUY MAL
Además tenemos que enterarnos de que las “invitadas a dejar el centro” han sido las víctimas de la agresión en lugar de los agresores.
Mal vamos cuando los culpables están más protegidos que las propias víctimas. Cuando, amparándonos en una ley del menor injusta a todas luces, protegemos a futuros delincuentes (vease la historia de Rafita, uno de los asesinos de Sandra Palo).
Estos “machos” las ataron de pies y manos y las “tocaron” por encima y por debajo de la ropa. Las pequeñas no se atrevieron a contarlo en un principio, aunque finalmente lo hicieron. Estos sinverguenzas no solo atacaron a las niñas, además amenazaron al resto de compañeros que viajaban en el autobús y ni siquiera el conductor hizo nada para impedirlo.
¿En que sociedad vivimos? ¿Es esta la educación que queremos para nuestros hijos? Así nos va. No es de recibo que tengamos que soportar que personas como la “periodista” María Antonia Iglesias, se atrevan a decir que padres como los de Mari Luz, Marta del Castillo, Sandra Palo… son “padres espectáculo”. Según ella, estos padres pretenden rentabilizar la muerte de sus hijos en beneficio propio. ¿Acaso es “rentable” un hijo muerto? ¿Que precio tiene la vida de mi hijo? Una idiotez detrás de otra. Todos debíamos unirnos a estos “padres coraje”. Padres que, en medio de su dolor, luchan para que otros no pasemos por lo mismo, para que los menores sean juzgados en consonancia con los delitos cometidos, para que no sean amparados por una justicia que casi justifica el asesinato si eres menor.
Justicia ¿para quién?
Nos vemos en la red.