Este año me prometí a mi misma que no hablaría de ETA. No porque mi postura al respecto haya cambiado (para muestra algunos ´post de este blog), simplemente porque no quiero entrar en el juego de estos animales hablando de ellos.
Seguiré alegrándome cada vez que alguno de ellos caiga, seguiré indignándome con sus barbaridades de “palabra, obra u omisión”, pero no cambiaré mi opinión.
Hoy no hablaré de ETA, hablaré de una jueza. La magistrada Murillo se ocupaba de juzgar a unos cuantos “pandilleros” de ETA, entre ellos Otegui.
El pobre parece andar de capa caída. Desde que lo detuvieron ha perdido protagonismo. Ya no puede convertirse en el “salvador de ETA”, en el adalid de su causa… más que nada porque, a estas alturas, ni los suyos “le dan bola”. Tal es su “fama” hoy, que nadie se había enterado de que estaba en huelga de hambre… ¡pobre!
- ¿Cómo puedo hacer que se enteren? –pensaría- Ya está. Lo digo en el juicio y todo el mundo mirará para mí…
Su abogada, ni corta ni perezosa, puso manos a la obra.
- Señoría. ¿Podría mi cliente beber un poco de agua? Es que está en huelga de hambre…
¿Qué pensarían? A buen seguro que, en ese momento, debieron decirse:
- Ya está. Conseguido. Ahora todos se preocuparán por el “pobre” Otegui y le prestarán la atención que merece…
Ilusos ellos. La juez Murillo con buen criterio y afilada ironía respondió:
- POR MI, COMO SI TOMA VINO.
Fin de la discusión. Haga lo que le plazca señor mío. Para lo que nos importa…
Eso sí. Un diálogo posterior sin desperdicio por parte de la magistrada y con el típico “Yo quedo por encima” de los niños pequeños.
Magistrada: ¿Condena el terrorismo de ETA?
Otegui: No voy a contestar
Magistrada: Ya sabía yo que no contestaría (ni condenaría por supuesto). Puede sentarse/retirarse (Fin del interrogatorio)
Otegui: Ya sabía que me lo iba a preguntar… (Mientras se levanta para volver al banquillo. Si no lo dice revienta. Claro que podemos esperar…)
Un hurra por la jueza Murillo.
Nos vemos en la red.