Macabro, lo sé. Pero también tiene su gracia.
Además, lo único que tenemos asegurado es que vamos a morir. No sabemos cuándo (cuanto más tarde mejor) y no sabemos cómo (mejor si no nos da tiempo a enterarnos), pero sí podemos organizar nuestro entierro. Si lo dejamos todo atado y bien atado, los que se quedan no tendrán más remedio que seguir nuestras instrucciones…
No voy a desvelar cuáles son mis deseos para ese momento (prefiero que sea una sorpresa) pero lo tengo claro. ¡Claro, que, la mayoría de la gente, prefiere no pensarlo!
Supersticiones, presagios de mal agüero o “gafes”, aparte, os dejo aquí unas cuantas ideas para el ataúd. No sé los precios, pero desde luego los diseños son de lo más original. ¿os atrevéis?